Historia del té en Inglaterra (II): El Imperio Británico y el té

Barco ‘Thomas Grenville’ de la Compañía de las Indias Orientales. Scott Higgins, 1824.

En el artículo anterior vimos cómo el té llegó a Inglaterra de la mano de los portugueses y los holandeses, su consumo se difundió entre la aristocracia como un elemento de distinción y más tarde se popularizó entre las clases medias, que pronto pudieron disfrutarlo en los salones de té y café.

Pero la relación de Inglaterra con el té no se entendería sin conocer la importancia decisiva que tuvo la Compañía de las Indias Orientales, una empresa privada convertida prácticamente en una nación dentro de una nación, que disponía de su propia bandera, su propia flota y la capacidad de establecer sus propias leyes en los territorios que administraba, e incluso de declarar la guerra, todo ello con patente real.

La historia de esta compañía tiene como antecedentes los saqueos llevados a cabo en Sudamérica por los piratas Drake y Raleigh. En una de esas incursiones tuvo lugar la captura del galeón portugués Madre de Deus que, procedente de América, contenía un tesoro tal que jamás se había sido visto en Londres algo parecido. Esto excitó la siempre pronta avaricia de los ingleses, que inmediatamente establecieron una sociedad para el comercio — o lo que los ingleses entienden como comercio — con América, el Pacífico y Asia.

La razón de que se otorgara esta patente a una compañía privada no fue otra que la tacañería públicamente conocida de Isabel I, quien muy raramente estaba dispuesta a que saliera un penique de las arcas reales, y que esperaba siempre que alguien pagara por ella los compromisos del estado que gobernaba1. Así pues la Compañía de las Indias Orientales se convirtió en una empresa por acciones de quien quisiera comprar una participación.

Limpiando el té. Lai Fong, 1869.

Mientras tanto, en el otro lado del mundo, China era el mayor y casi único productor de té y, al igual que había tratado de hacer durante siglos con la seda, no permitía que se sacaran de su territorio semillas o plantas de té, para mantener de esa manera su monopolio comercial sobre una mercancía que había demostrado ser interesante no sólo para naciones de su entorno, sino también para las potencias Europeas que habían empezado a comerciar con el Imperio Central.

Los ingleses habían conseguido, gracias a las excelentes cartas de navegación de las que se apoderaban en sus ataques piratas a los barcos españoles y portugueses, disponer de información para doblar los cabos de Buena Esperanza y Hornos, abriendo sus propias rutas comerciales a través del Índico y el Pacífico. En 1690 la Compañía de las Indias Orientales consiguió permiso para establecerse en Calcuta (India) como puerto y base comercial para sus actividades en el Índico y Extremo Oriente.

Los comerciantes chinos habían establecido buenas relaciones comerciales con Portugal (desde Macao) y España (desde Filipinas), pero la llegada de los ingleses no supuso para ellos ningún valor en el que pudieran estar interesados. El té y otros productos eran comprados por los ingleses pero, ¿qué tenían ellos que pudiese interesar a los chinos? Esto creaba a los ingleses un importante problema de oferta, porque en aquel momento Inglaterra no era el país rico que es hoy en día, y su mayor interés comercial consistía en poder intercambiar unos productos por otros, mejor que comprarlos por dinero.

La destrucción del té en la bahía de Boston. Nathaniel Currier, 1846.

En 1768 el Parlamento Británico estableció una serie de impuestos sobre las colonias americanas, lo cual condujo a varios incidentes armados con los colonos que se oponían a estos impuestos. Pero la situación se complicó en 1773 cuando se autorizó a la Compañía de las Indias Orientales a vender té procedente de China en las colonias, estando ella libre de impuestos, pero no así los colonos. Esto condujo a la rebelión del Boston Tea Party que incluyó el que una multitud de bostonianos asaltara los barcos de la compañía y arrojase por la borda un cargamento de 46 toneladas té, en lo que acabaría convirtiéndose en el antecedente más notorio de la Revolución Americana, que a su vez daría lugar en 1776 a la independencia de los Estados Unidos de América.

Lejos de allí, los ingleses habían conseguido escamotear fuera de China plantas y semillas de té, en contra de las leyes locales que prohibían ese tráfico, y habían comenzado a experimentar su cultivo en Assam (India) a partir de 1750, Ceilán (1825) y África Oriental. Inicialmente no disponían de los conocimientos necesarios para su cultivo, así que los primeros intentos no obtuvieron buenos resultados, pero el interés por el té en las Islas Británicas seguía creando demanda y por ello el incentivo comercial seguía siendo importante, aunque aún hubiera que importar el té directamente de China.

A pesar de que India había sido productora y consumidora de té durante muchos siglos, los ingleses habían redescubierto su cultivo, pero a una escala comercial global. Sin embargo el té más famoso por su calidad seguía siendo el chino. Así pues la Compañía de las Indias Orientales seguía comerciando con té en China, incluso ostentando el monopolio del comercio de esta mercancía desde 1832 en adelante. Para aumentar sus beneficios empezó a intercambiarlo ilegalmente por opio que había cultivado en Bengala (India), lo cual condujo a dos guerras del opio con China cuando fueron ignoradas las protestas de su emperador porque dicho comercio estaba creando miles de adictos a estas sustancia entre su población, y su exigencia de que dicho tráfico cesara.

En 1839 los chinos, hartos ya de las ilegalidades de la Compañía de las Indias Orientales, se incautaron de los cargamentos de opio contrabandeados, y esto condujo a una declaración de guerra, la humillación de China (que retiene fresca en su memoria hasta nuestros días), la cesión de la isla de Honk Kong y la apertura sin restricciones a todo tipo de comercio, incluido el opio. El Reino Unido había conseguido con su comercio ilegal ser el administrador de un enclave frente a la costa china, el controlador del mercado mundial del té y el mayor traficante de drogas de la historia.

El frenesí comercial disparado por el té tuvo también una influencia secundaria en la dominación mercantil del Imperio Británico: la construcción de barcos más rápidos, que aumentaron más aún el tráfico comercial de cualquier otro tipo de mercancía. A principio del siglo XIX el transporte de mercancías desde China hasta Londres llevaba casi un año. Para la avaricia de los mercaderes y accionistas de la Compañía de las Indias Orientales eso suponía tener su dinero inmovilizado demasiado tiempo, así que se fomentó el desarrollo de un nuevo tipo de barcos mercantes, los cliper, diseñados para conseguir de ellos una máxima velocidad. Uno de estos cliper podría traer su carga de té desde China en poco más de 100 días, y el capitán que conseguía llegar antes a Londres con su cargamento obtenía cada año un sustancioso estipendio.

A partir de 1840 sin embargo Assam se convirtió en el principal proveedor de té de Inglaterra, aunque, debido a que el gusto por el té chino estaba ya bien establecido entre el público inglés, los tés indios se mezclaban con otros de origen chino para que el consumidor los siguiera aceptando bien, porque las variedades indias se consideraban más fuertes y de sabor terroso comparadas con las chinas. Para completar la transición los comerciantes de té británicos lanzaron importantes campañas publicitarias en prensa pidiendo a los consumidores que compraran té «cultivado en el Imperio», fomentando la exclusión de té chino que, según decía la publicidad, era adulterado con productos químicos, y contenía sudor y uñas de los trabajadores (algo que hasta entonces aparentemente no había sido un problema).

Ceilán (hoy Sri Lanka), que se había convertido en colonia británica en 1796, y que había sido un gran productor de café, tuvo que adaptar su economía cuando una plaga fúngica acabó irreparablemente con las plantaciones de dicha planta en la isla. A partir de 1860, y utilizando plantas de té importadas de Assam por la Compañía de las Indias Orientales, Ceilán se convirtió en productora de uno de los tés de mayor calidad del mundo, gracias al buen trabajo y el ingenio de varias personas, principalmente de origen escocés, lo que ha venido siendo así hasta nuestros días. La asociación de propietarios de plantaciones de té de Ceilán se ocupó de obsequiar con cajas de sus tés más selectos a las realezas de Alemania, Rusia, Italia y Austria, repitiendo el efecto de abrir mercados de arriba a abajo que se había producido dos siglos antes en Inglaterra. Tanto éxito tuvieron el té ceilandés y su campaña de divulgación que a finales del siglo XIX el té como producto se asociaba ya en el mundo occidental a Ceilán, en lugar de a China.

Cuando en 1869 se inaugura el Canal de Suez y el transporte marítimo se efectúa ya mediante barcos de vapor, el peso del té proveniente de India y Ceilán aumenta aún más, convirtiéndose estos países en los principales productores del té comercializado por empresas británicas.

La Rebelión de la India contra el gobierno de la Compañía de las Indias Orientales en 1857 y la posterior toma de control de los territorios y la propia compañía por el gobierno británico marcan el principio del fin de esta empresa, que siguió no obstante manteniendo el comercio del té hasta su disolución en 1874.

Pero esto, dentro del contexto del té, era ya algo anecdótico, porque en 1880 el Reino Unido controlaba ya dos tercios del comercio mundial de té, y esta bebida se había convertido ya en algo indisolublemente ligado a su cultura y su historia, y sigue siéndolo hasta el día de hoy, y no sólo en el Reino Unido, sino en la mayoría de las naciones que han sido sus colonias en algún momento, excepto en Estados Unidos, donde se prefiere el café, porque el té se considera «demasiado británico»2.


(1) Es un hecho poco conocido que más de la mitad de los tripulantes de la escuadra inglesa que combatió contra la Armada Española murieron de hambre y de enfermedades antes de finales de ese mismo año porque Isabel I no estaba dispuesta a pagar sus salarios, y promulgó una ley para perseguir a aquellos que se quejaran de ello. A su vez William Cecil, el principal consejero de la reina, declaró públicamente que «bueno, si mueren los marineros no tendremos que pagarlos».

(2) Tras los sucesos del Boston Tea Party y la independencia de los Estados Unidos, el té quedó inextricablemente ligado a lo británico en el peor sentido desde el lado americano. John Adams, presidente de los Estados Unidos, llegó a afirmar incluso que «el té es una bebida de traidores». De hecho la prevalencia del consumo de té en los Estados Unidos se corresponde con la mayor densidad de habitantes de origen inglés, como en el sur, donde es común tomar té helado. Además, culturalmente durante algunos periodos se ha considerado en los Estados Unidos que el té es una bebida afeminada.

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