Historia del té en Inglaterra (I): La llegada del té

En occidente no hay una nación que se haya identificado tanto con el consumo del té como Inglaterra, que ha hecho de esta bebida un rasgo distintivo de su cultura, tanto en las clases altas como en las bajas, tanto en los tiempos buenos como en los malos.

Jan Josef Horemans el Joven, ‘Tea Time‘ (siglo XVIII)

Los ingleses se han distanciado tanto de las tradiciones culinarias que tienden a pensar que muchos de los alimentos que consumen habitualmente son recetas propias, cuando en realidad son importadas. Esto ocurre también con el té. Si le preguntamos al inglés medio por el origen del té, de la mermelada de naranja amarga (marmelade, inventada por una escocesa) o del curry (herencia de la colonización británica de la India), seguramente responderá que son alimentos típicamente ingleses, pero no lo son.

No les quitemos mérito en aquello en lo que siempre han sido brillantes: en apropiarse de lo de los demás y reclamarlo como propio. Los ingleses han hecho del té una de sus banderas nacionales, una ocasión social, un remedio contra cualquier penalidad personal o histórica y un negocio lucrativo.

Pero, ¿cómo llegó el té a convertirse en una bebida apreciada y extendida por Inglaterra? El primer europeo en traer a Europa referencia del té no fue un inglés, sino un viajero veneciano llamado Giovanni Battista Ramusio, quien relata lo que le contaron en África Oriental sobre una bebida llamada «Chai Catai» que se consumía en China 1.

Pero los que sí obtuvieron información de primera mano, siendo los primeros europeos en traerlo a Occidente, fueron los misioneros, exploradores y comerciantes portugueses, quienes ya en el siglo XVI hacen referencia en 1560 (Gaspar da Cruz) a la bebida consumida en China que recibía el nombre de «chá» 2, y en 1565 (Luis Almeida) de que la misma bebida era consumida también en Japón.

En el año 1610 el té llegaba por primera vez a Europa de forma comercial, traído en los barcos de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Lo más probable es que la primera entrada de té en Inglaterra se hiciera precisamente a través de los mercaderes holandeses alrededor de 1650. En esos años la llegada del café y el té a Londres dieron como resultado la aparición de casas de café y de té, donde las clases pudientes podían ponerse en contacto con las novedades llegadas de Oriente, y también de Occidente, como el chocolate y el tabaco.

En 1659, en una especie de almanaque de la época llamado Diurnal, Thomas Rugge hace una entrada en la que podemos leer que en Londres:

“el café, el chocolate y un tipo de bebida llamada té se venden en 1659 casi en cada calle”

La primera referencia escrita de que se dispone sobre el consumo de té en Inglaterra viene de la mano de Samuel Pepys, un político sinvergüenza y oportunista quien, gracias a sus contactos, pasó de ocupar puestos de responsabilidad en la república de Cromwell a ir a ver cómo ahorcaban públicamente a sus antiguos camaradas mientras él ocupaba lucrativos cargos en el Almirantazgo o en la Royal Society de la restaurada monarquía de Carlos II.

En una anotación del 25 de septiembre de 1660 en su famoso diario, Pepys indica:

“Y después mandé que nos trajeran una taza de té (una bebida de China) que no había bebido nunca, y me marché.” 3

Barco de Catalina de Braganza llegando a Lisboa. Autor anónimo

Sin embargo, la persona que hizo más por popularizar la nueva bebida entre la aristocracia inglesa fue la reina portuguesa Catalina de Braganza, quien tenía ya el hábito de su consumo desde su juventud en Lisboa, donde el té era la bebida preferida en la corte Portuguesa. Cuando en 1662 Catalina desembarcó por primera vez en suelo inglés, procedente de su tierra natal, para casarse con Carlos II, se encontraba mareada a causa del viaje por mar y pidió una taza de té, pero nadie pudo proporcionarle una. Le ofrecieron en su lugar un vaso de cerveza fuerte, lo cual no contribuyó al bienestar de la futura reina, así que en adelante se aseguró de proveerse de su bebida predilecta. Catalina tomó buena cuenta también de disponer de tazas y teteras de cerámica china para poder beberlo, de acuerdo a la tradición china que había sido adoptada también en Portugal.

Carlos II y Catalina de Braganza en Somerset House. Autor anónimo

Las damas de la corte de Carlos II y Catalina de Braganza adoptaron muy pronto la que para la reina era la bebida más elegante y civilizada, convirtiéndola en una bebida cortesana y de moda. Tanto era así que los y las aristócratas presumían de tomar té en sus reuniones sociales en cuanto se presentaba la menor ocasión. El té se había convertido en una bebida social, aristocrática, asociada a un alto poder adquisitivo, y lo fue más aún cuando pronto se vinculó también al consumo de azúcar, otro bien escaso, de importación y de alto precio.

Para entonces el consumo de té se había establecido ya entre las clases pudientes londinenses y en 1667, un año después del Gran Incendio de Londres, comenzaba la importación directa de té a la metrópolis, a través de la Compañía Británica de las Indias Orientales, en lugar de adquirirlo a través de Portugal o los Países Bajos.

Durante el siglo XVIII, y una vez que la Compañía Británica de las Indias Orientales se ocupó directamente de la importación y se redujeron los impuestos sobre su comercio, el té se hizo más barato y popular. Las casas de té se abrieron en cada rincón del Reino Unido, y su consumo se amplió a las clases medias y educadas, ansiosas también de participar en el disfrute y refinamiento de nuevos productos llegados de los puntos más remotos del mundo conocido. A principios de este siglo las importaciones de té al Reino Unido eran ya de 360.000 kilos anuales.

Este abaratamiento y popularización amplió el mercado y abrió las expectativas de los consumidores de poder tomar el té también en sus casas, lo que llevó a la apertura de la primera tienda de té, abierta por Thomas Twinings en 1706 en el 216 Strand, en Londres, donde aún permanece abierta más de 300 años después.


[1] En Extremo Oriente el té se denomina «chai» o «cha». «Catai» es el nombre que se daba a China en Europa durante la Edad Media y el Renacimiento.
[2] A día de hoy «chá» es aún el nombre del té en Portugués.
[3] En el diario de Samuel Pepys el nombre del té se incluye como «tee». El nombre de la infusión en inglés ha variado notablemente a lo largo del tiempo hasta el actual «tea».

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